El Color como Material

PRODUCTORA
Revista de arquitectura EN BLANCO, Nº 39 - PRODUCTORA, 2025

Publicar permite re-pensar, re-organizar y re-definir el trabajo del estudio. En este caso, la publicación compila una serie de obras realizados entre 2017 y 2025 en donde el hormigón juega un papel importante. Incluye también un proyecto nuevo que iniciará su construcción al comienzo del 2026. Como material plástico, el hormigón permite un sin número de variaciones: se puede jugar con el tipo de cemento, arena o agregado utilizados en la mezcla, hay opciones ilimitadas en diseño de la cimbra, y un abanico de posibilidades de terminaciones finales como el lavado, pulido, martelinado, cepillado, oxidado, sellado, etc. En épocas recientes se agregó a esta matriz infinita la noción de color, agregando a la mezcla pigmentos en forma de gel o en polvo. Todos los proyectos presentados aquí, emplean algún tipo de color en la masa del hormigón. Hay tonos que imitan el color de la arena o la tierra local (Hotel Kymaia y el Centro Comunitario

y Museo de Teotitlán), el pasto seco antes de que la temporada de lluvias lo convierte de nuevo en una explosión de verdes (Centro Cultural Teopanzolco), el color del agua y el cielo (Casa Bautista), o - al contrario- un color que establece un contraste con el verde de la naturaleza que lo rodea (Casa Rosada).

Y aunque la arquitectura en México está estrechamente vinculada al color, por el legado del premio Pritzker Luis Barragán, en PRODUCTORA no examinamos el tema del color en arquitectura hasta cuando empezamos a hacer obras en Estados Unidos. Mientras que en México podíamos utilizar la apariencia misma del material (piedra natural, madera, hormigón, teja, etc.) para obtener ciertas texturas, brillos y colores, en Estados Unidos nos confrontábamos con materiales que exigían un acabado, siendo, por tanto, una decisión cromática: cubiertas metálicas, revestimientos de fibra de cemento, etc. La casa para Jessica Fleischmann en Los Ángeles fue clave para entender este cambio en el proceso de diseño. Aquí tuvimos la suerte que la dueña era una diseñadora gráfica, y junto a ella empezamos a trabajar la paleta de colores, relacionando materiales con tonalidades distintos: escogimos el color ‘Foxtail’ de Dunn Edwards para la estructura de madera preexistente y ‘Night Blue’ para la estructura de acero añadida. Esta experiencia de trabajar más conscientemente con el color, la repetimos poco después en México donde aplicamos el hormigón color azul para la Casa Bautista.

Sin embargo, es importante entender que en nuestra arquitectura el color no juega un papel compositivo como en las obras de Le Corbusier, Alvar Aalto o Barragán, por ejemplo. El uso del color que hace Aalto en el Sanatorio de Paimio (junto con su esposa Aino Aalto y el artista Eino Kauria) es finalmente pictórico y composicional, aun cuando utiliza una cierta funcionalidad – teorías de color basado en interpretaciones científicas y emocionales –para argumentar sus selecciones. También le Corbusier –en sus palabras– define el color como una capa adicional para acentuar, desenredar y clasificar. Para nosotros la pintura es como otro material. Simplemente es un material que viene con una gama ilimitada de tonalidades. En general utilizamos solamente una única tonalidad en cada proyecto; casi siempre para cubrir materiales que no pueden existir sin protección aplicada, como los elementos metálicos. Seleccionando colores con una presencia fuerte, el material confiere un carácter especifico a los proyectos, como la estantería amarilla en el estudio en Soho, New York, las carpinterías verdes en Laguna, o las carpinterías rojas en el proyecto de vivienda CA22. El color como sistema notacional; como una indexación de una postura material a la vez que conceptual.

También en el conjunto turístico Punta Nayáaque, en su conjunto, consiste en una celosía de bloques prefabricado de hormigón verde (que con el tiempo se van disolviendo por la vegetación que se entrelaza con ellos); en los elementos prismáticos de color rosa en los parques urbanos de Tultitlan y Tlanepantla en las afueras de la Ciudad de México; o en las obras  representadas en esta edición, donde el hormigón ya no consiste en una masa grisácea, sino que lo entendemos como un material que exige una definición precisa de su cromática. Trabajar con el hormigón con color en la masa, permite aplicar el color como material en el sentido más literal posible: en estas obras se solidifica el color líquido y se transforma en materia pura (FIG. 05-06).

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