Pezo Von Ellrichshausen y las aventuras de Quintus Teal.

por Wonne Ickx

 

1. En el 1941 la revista Astounding Science Fiction publicó la fantástica historieta de Robert Heinlein “Y construyó una casa torcida”; ( And then he build a Crooked House ). La historia trata de un arquitecto llamado Quintus Teal que tiene la magnífica idea de ahorrar espacio y costos de construcción realizando una casa con espacios desfasados en el tiempo: su argumento revolucionario consiste en incorporar la temporalidad al espacio de la casa para poder abarcar más metros cuadrados en un mismo lugar. Se construye el habitáculo en la forma peculiar de un teseracto: una doble cruz invertida compuesta por varios cubos.

Pero justo la noche antes de la inauguración, un terremoto sacude la construcción y la casa colapsa convirtiéndose en un verdadero hipercubo cuadrimensional; a partir de ese momento las cosas empiezan a volverse extrañas. Cuando los clientes y el arquitecto llegan en la mañana, encuentran en el sitio un solo volumen cúbico. Creyendo que los otros siete pisos de arriba habían sido robados durante la noche, acceden a la casa para indagar lo sucedido. Lo que encuentran es extraordinario: los espacios de arriba están completamente intactos y la escalera parece formar un circuito cerrado: los escalones que salen del cuarto más alto llevan de nuevo a la planta baja en lugar de al techo. Es más, parece que ya no hay manera de poder salir de la casa porque todas las puertas y ventanas dan acceso a otros espacios de la misma. En un momento dado miran a través del pasillo de la casa y se horrorizan al ver su propia espalda. La fantástica historia de Heinlein no llegaría al gran público hasta 1997 cuando el director Canadiense Vicenzo Natali, realizase la película conocida como El Cubo . En este largometraje la misma trama es trasladada a un espacio más grande: en un cubo madre de tamaño gigantesco, seis personas están encerradas en un peligroso laberinto tridimensional de espacios cúbicos en movimiento. A través de códigos y cálculos matemáticos atribuidos a los cuartos, buscan desesperadamente la salida de esta pesadilla.

2. El estudio Pezo von Ellrichshausen fue fundado en Buenos Aires en 2001, pero actualmente está radicado en Concepción, Chile. Los fundadores de la oficina son Mauricio Pezo (Chile, 1973) y Sofia von Ellrichshausen (Argentina, 1976). Hace poco se publicó la primera monografía del despacho por la editorial chilena ‘ediciones arq’, un libro que incluye sus tres casas construidas más relevantes: Casa Rivo, Casa Poli y Casa Wolf y una cuarta casa en construcción, Casa Parr. En las tres primeras casas el tema de investigación es común; un gran volumen monolítico se impone al contexto - sea natural o urbano - y recibe una composición de aperturas en la fachada. La casa Poli, se erige sobre las rocas de la Costa Chilena, como un volumen sin escala entre el mar y la tierra. La ausencia de vidrio, cancelería o cualquier otra referencia humana en la fachada exterior nos plantea la duda de si la casa es un cubo de dimensiones enormes - quizás un bunker olvidado de la Segunda Guerra Mundial - o una pequeña escultura neo-plástica hecha de concreto. Las aperturas que se encuentran en el cubo dan la sensación de estar en movimiento, no delatan alturas de losas ni parecen corresponder a ninguna lógica programática o funcional. El volumen de concreto parece ser ahuecado por un algoritmo euclidiano de substracciones que le dan su singular aspecto.

Si el exterior nos parece enigmático, es en su interior donde se revela la misteriosa complejidad espacial de la que hace gala. Como si se tratase de un Raumplan de Adolf Loos, los espacios se despliegan a lo alto, ancho y largo de manera definida y concisa. La casa juega con desniveles, espacios escondidos y pasillos encerrados entre paredes de gran altura. Como en el hipercubo de Heinlein, los espacios no se abren directamente hacia el exterior, pero dan accesos a más lugares, otros pasillos y vacíos internos: una especialidad infinita que se desarrolla dentro del perímetro del cubo mismo. Esta volumetría parece no acabar nunca enredada en una matemática rigurosa. El gusto por lo cartesiano y el misterio de los números se refleja en la planta de la casa que mide exactamente 10 x 10 metros. El espacio fue dividido en rectángulos y cuadrados para organizar los habitáculos correspondientes: la casa es un ejercicio tridimensional en la cual las plantas y cortes devienen en la misma composición equilibrada entre espacios.

 

 

3. No obstante las referencias a hipercubos, la cuarta dimensión y las aventuras de Quintus Teal, la arquitectura de los sudamericanos Pezo y Von Elrichshausssen no se remite a espacios virtuales, desfases en el tiempo o dimensiones desconocidas. Su arquitectura táctil y terrenal tiene un aspecto mucho más premoderno que futurista. Como si fuera una caverna prehistórica, la vida cotidiana se desarrolla en los huecos, nichos y vacíos monocromáticos del cubo madre. La belleza espacial de estos espacios interiores se enfatiza por el uso de materiales sencillos: las tiras de madera pintadas de blanco tienen la misma modulación que la huella de la cimbra de concreto sobre muros y techos. Cuando Auguste Perret dijo que cada ornamentacion oculta un error de construccion, aquí la desnuda y sencilla estructura funciona como elemento que texturiza las paredes y techos, dándole a la casa su acabado interior.

Pezo von Elrichshaussen no quiere revolucionar la arquitectura: no emplea materiales novedosos, programas complejos o sistemas constructivos experimentales. En estos días donde los arquitectos parecen mas inclinados a olvidarse de la profesión para volverse periodistas sociales, especialistas en computación o analistas científicos -parafraseando el arquitecto holandes Willem Jan Neutelings en su reciente conferencia en el congreso ARCHITECTUUR 2.0 en Rotterdam-, la obra de esta joven oficina retorna la mirada a la esencia de la arquitectura. Con una paleta limitada de materiales y técnicas, Mauricio Pezo y Sofia von Elrichhausen hacen su oficio: construyen espacios.

 

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