Las revelaciones arquitectónicas de AIRES MATEUS

Wonne Ickx

‘Las revelaciones arquitectónicas de Aires Mateus’, Wonne Ickx, Publicado en la revista Código 06140, Julio - Agosto 2006

 

Bañado por las aguas del atlántico, Portugal dejó de ser aquel puerto internacional que comunicaba Europa con el resto del mundo. Sin embargo, una luz especial sigue acompañando la cálida escenografía portuguesa. Luz que ha servido de inspiración para grandes arquitectos, como Alvaro Siza o Eduardo Soto de Moura. Pero aparte de estos dos maestros (que el año pasado, como reconocimiento a sus carreras fueron invitados a realizar en colaboración el Serpentine Pavillion de Londres) la arquitectura portuguesa no ha sido capaz de sobreponerse a su posición periférica dentro del continente.

Con los dos hermanos, Francisco y Manuel Aires Mateus, parecen abrirse nuevas propuestas. Su trabajo serio y constante ha atraído, en los últimos años, el interés internacional; sin embargo, más que nunca, podemos hablar de una arquitectura nominalmente portuguesa. La interacción entre naturaleza y objeto construído, la serenidad en las formas y la continua redefinición de la casa unifamiliar siguen siendo los principales motivos de la arquitectura del país. Los recursos limitados que utilizan Aires Mateus, el blanco y el negro como concepto de dualidad diagramática, la sobriedad de los materiales y las geometrías clásicas representan una postura muy definida y novedosa dentro del mestizaje de la arquitectura contemporánea.

Me gustaría comparar su método de trabajo con la idea de un fotograma. El fotograma es una imagen hecha sin cámara, donde se colocan objetos sobre la superficie de un material foto-sensitivo -como papel fotográfico-, exponiéndolo luego a la luz. El resultado es la silueta del objeto, un negativo con el efecto visual similar a los rayos X. Artistas como Moholo-Nagy o Man Ray experimentaron con este método en los años veinte. Investigando con las procedimientos más básicos del medio fotográfico (ocultando o exponiendo papel a la luz) creaban obras donde las huellas de objetos reales conformaban una nueva composición: un collage de negativos y positivos. Asi es la arquitectura de Aires Mateus.

Sus plantas y secciones parecen fotogramas arquitectónicos. Composiciones geométricas en blanco y negro, con tanta fuerza expresiva que funcionan como obras independientes. Sin embargo, ésta abstracta representación bidimensional nos lleva a otra esfera mucho más compleja que se esconde en una realidad paralela: la tercera dimensión. El proceso arquitectónico funciona aquí al revés que un fotograma. Como si de un simulacro de la caverna platónica se tratase, la imagen proyectada sobre el plano es meramente una instantánea de un mundo que, hasta entonces, solamente nos podemos imaginar; Los dibujos esquemáticos de una sola tinta son las fotogramas prematuros de un edificio en proceso, abstracciones de construcciones que no han sido erigidas todavía.

Si observamos las fotografías de su propio estudio en Lisboa, tomadas por el fotografia Daniel Malhoa, vemos como la cámara se posiciona en un lugar muy particular del espacio. Colocando la lente exactamente a la altura de las mesas de trabajo, estas dejan de ser mesas y se convierten en una línea abstracta sostenida por otras líneas verticales. Lo normal adquiere la magia de lo incomprensible alterando las reglas de la perspectiva y confundiendo la distancia entre los objetos.

Pero la analogia del fotograma no solamente se basa en esta compleja relación entre la superficie plana y el espacio tridimensional. Lo elemental de la arquitectura de Aires Mateus es la aferrada búsqueda por experimentar con los herramientas más básicas de la arquitectura: el grosor de las paredes, las aperturas, la tactilidad de los materiales, la relación entre zonas secundarias y espacios principales, los despieces, el volumen y el vacío. Moholo-Nagy y Man Ray redifinieron el lenguaje compositivo de la fotografía reduciéndolo a sus elementos y procesos más básicos, tal y como hacen Aires Mateus en su constitución arquitectónica.

Para conceptualizar la casa de Alvalade en la costa de Alentejo -que desafortunadamente nunca fue realizada- los espacios fueron divididos en dos grupos separados: los espacios auxiliares, como las bodegas, los cuartos de baño y los áreas de circulación y los espacios principales como las salas de estar, la cocina, las recámaras y los patios. Las zonas auxiliares mencionadas son los que componen los muros de la casa, generando asi una dinámica ambigua entre positivos y negativos, entre espacios abiertos y salas cerradas. El visitante se mueve a través de la casa, circulando a través del ‘grosor del muro’; la rítmica ubicación de aperturas genera vistas hacia salas patios o el paisaje que rodea el espacio habitado. La arquitectura se presenta así en el territorio como volúmen absoluto, pero en realidad se constituye de un composición laberíntica de cuartos, pasillos y jardínes en los que sus moradores deambulan como fantasmas a través de las paredes.

El amor que tiene Francisco Aires Mateus por la fotografía, no es coincidencia. Tanto en la monografía publicada en 2G (Editorial Gustavo Gili), como en el catálogo de su exposicion en el Centro Cultural de Belen, Lisboa, las tomas de Francisco Aires Mateus de los espacios vírgenes, obtienen un lugar relevante. La fotografía en blanco y negro, no solamente es el instrumento para captar la fisionomía real de un lugar, sino que se trata de la composición de un retrato. En estas imágenes se ve el primer acercamiento al entorno, estableciendo los parámetros subjetivos del proyecto. La soledad del paisaje que rodea la casa en Melides, exigía una construcción introvertida. Un sencillo volúmen cuadrado ajeno al paisaje. La casa funciona en su todalidad como cámara oscura. Una caja completamente cerrada lateralmente donde dos grandes puertas corredizas de madera controlan la entrada de luz y personas a su interior. La casa se convierte en un misterioso interior que se abre momentáneamente al entorno, dejando que el paisaje dialogue a intervalos con los espacios de esta caja muda.

Finalmente - como nos explica el trabajo de Aires Mateus - en la arquitectura todo tiene que ver con el manejo de la luz. Como en el negativo de la fotografía, lo que no está presente (el espacio en blanco), es exactamente lo que genera la composición de la imagen. Aquí es donde esta particular luz portuguesa ilumina nuevamente la arquitectura: en los vacíos construídos por Aires Mateus, aquellos espacios conceptualizados en el margen indefinido entre lo positivo y lo negativo.

 

 

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